viernes, 23 de mayo de 2008

Una universidad para toda la vida

Es hilarante prender el televisor y ser testigo de una de las tantas falacias publicitarias que nos ofrece día a día –este- nuestro querido Perú. La figura que nos presenta, lejos de ser convincente provoca varias carcajadas. Sin embargo, no podemos dejar de reconocer la creatividad de aquel guionista. Por el contrario, es admirable su labor y es que ¿quién no se detiene a observar un comercial de televisión que plantea que luego de cursar cinco años de estudios superiores en el Perú podremos llegar –fácilmente- a cubrir un evento, por ejemplo, en la Casa Blanca? No que resulte imposible mas tiene su pizca utópica y su gran porcentaje de ficción.

No somos ciegos ante la realidad, ella nos golpea diariamente y por supuesto que no se trata de subestimar la capacidad y el empeño de los peruanos sino reflexionar acerca de nuestro alarmante sistema educativo. Y es que en definitiva, recibir una educación de baja calidad atenta contra los derechos humanos, por ello llega a bloquear y obstaculizar toda posibilidad de superación y avance. No basta con tener acceso a la escuela o incluso completar la educación básica, se trata de ofrecer un servicio de calidad, íntegro y personalizado para forjar futuros profesionales que marquen un hito que pueda cambiar el rumbo de nuestro ya conocido “tumor maligno” llamado: conformismo.

Debido al avance científico y el desarrollo de la tecnología, diversos estudiosos han llamado a esta época la Era del Conocimiento, irónico en nuestro país cuando los índices de lectura bajan diariamente y la disconformidad de los propios jóvenes universitarios aumenta en medidas desproporcionadas. En definitiva, la universidad peruana esta en retroceso. Puede que nosotros consumamos mucha de la tecnología pero lo hacemos netamente con fines que, lejos de educarnos nos adormecen y finalmente terminan, como siempre, convirtiéndonos en actores pasivos para dejar de lado la inversión intelectual y las posibilidades para ampliar nuevos horizontes.

¿Nadie es consciente que el desarrollo de un país comienza esencialmente en las aulas de un pabellón universitario? Allí es donde se plasma el recurso humano que más se necesita. De esas aulas resulta la fuerza de trabajo más eficaz, con energía juvenil. Pero he aquí la mayor interrogante, ¿Cómo formar a jóvenes si el acceso es limitado (sea por motivos económicos o por deficiencias dentro del sistema universitario nacional -restricciones, cupos limitados, etc.-)?
Es probable que el estado peruano tenga limitaciones presupuestales, pero la educación pública es un gasto que debe –ante todo- ser prioridad dentro del gasto fiscal. La educación en todo sentido es sinónimo de progreso. A fin de cuentas una inversión a largo plazo que se retribuirá logrando armonizar nuestro país, consiguiendo que un gran porcentaje de la población sea educada y por ende más productiva, responsable, creativa y progresista. Esto repercutiría de manera positiva en la economía del país y por supuesto en aspectos sociales con una cadena de consecuencias que lograría resultados efectivos a corto y largo plazo.

Y es que en la actualidad obtener un primer título universitario es casi equivalente a lo que era antes terminar la secundaria. Son ahora los valores agregados como las maestrías y doctorados los estudios que se hacen indispensables para lograr ser entes competitivos en el mercado laboral.
Concluyo entonces, ¿qué demonios hago estudiando en la San Martín?

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