Y finalmente te encontré, recuerdo con claridad aquel día, vestías de negro pero sinceramente, poco o mucho importaba lo que traías puesto. Eras simplemente la representación de lo que se convertiría rápidamente en mi motivo. Cual nena de la mano te llevé hacia mi mundo. Me descubrí ante ti sin saberlo y me aferré a tus brazos sin aún sentirlos ... Y ahora, ahora me siento increiblemente orgullosa al saberme parte de ti.
Las noches que pasamos tienen más sentido que mis días de sol radiante y poco o mucho importaría seguir viviendo en esa, nuestra burbuja, si no fuera de tu mano.
Me pintaste un panorama distinto; supe al conocerte que la lealtad aún tiene valor para aquellos escasos ilusos que forman parte de nuestro gremio y se esconden tras la promesa de un mundo mejor. Pero sobretodas las cosas me convencí que la amistad, aunque imperfecta, te lleva por rutas tan enigmáticas que terminaron, en mi caso, por darme una segunda oportunidad, una segunda vida y sólo para vivirla contigo. Te adoro manita de mi alma.




No hay comentarios:
Publicar un comentario