lunes, 18 de agosto de 2008

Las hadas no existen





Lo repetía sin parar, una y otra vez ... el eco de la frase la inundaba. ¡LAS HADAS NO EXISTEN y esta vez sí es cierto! - se dijo - Estaba finalmente convencida.


Inesperada moraleja del cuento que se presentaba esperanzador ... mágico y resultó dominado por brochazos de verdades amargas, remembranzas desalentadoras y aquel deja vú irónico que sólo hasta hoy revivió. Una escena que aunque humillante, particularmente conocida.


Tras sus pasos débiles y descordinados, se esconde un alma frágil y confundida, frustrada en lo más profundo, y se dirige hacia el negro más oscuro, concibiendo casi imposible la idea de encontrar esa luz ... LA LUZ que vuelva a reflejar tras su mirada, ese cielo estrellado que la iluminaba a su paso.


Detrás de ella, otros pasos más ligeros y ágiles terminan por superar su andar vencido mientras que ella gira sobre el mismo eje. Se acompaña en tanto de lo que algún día fue, se deja llevar por su mente y revive - aunque solitaria - momentos en los que podía mirar a lo alto reconociendo la inmensidad de una emoción, la grandeza del presente, y lo placenteramente enigmático del mañana. Se ahoga entonces en su pasado ... un pasado que la aquejaba, y ahora se vierte en su contra. Es cuando termina por reconocerse como el error y no le queda más que la eterna espera por entender a quienes la miran con recelo y encono, señalandola, criticándola ... viendo en ella al absurdo más inexacto.


(...) se apagaron sus ojos y si ella aún pudiera ver, lo evitaría. Si acaso existiese algo más por sentir, sería imposible ya que lo hiciera ... si tuvieran algo por decir, sería mejor que no lo dijeran ... porque eso poco que le queda, no es para vivirlo como los demás quieran ... ya que el escaso aliento que le queda, es para seguir aun cuando las hadas ya no existieran.




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